domingo, febrero 27, 2011

TEXTO 1

Recupero aquí los textos que publiqué en el extinto blog de Javier Calvo, riosperdidos.com




LAS PROMESAS DEL ROCÍO


Entonces parecía que las cosas sólo podían acabar de una manera

acaso imprevista, mas nunca incierta.

El horizonte mantenía su extraña rectitud, su rostro límite.

Porque nunca se romperían las promesas del rocío

-jugábamos a pisarnos las manos y a mancharnos de barro-

mientras nos empapáramos de su obesa gallardía


Unas nubes asoman por nuestras pestañas

Agolpándose -nos miran todas

Esta lluvia frenética que se filtra por nuestras agallas

nos hunde -empezamos a respirar, a toser- en un nuevo reino

cuyas leyes, descubro, se abren unas a otras

Y el horizonte, ensimismado, se mira de punta a punta



Este poema ilustra un cambio de cosmogonía en el seno de una comunidad y hace referencia tanto al paso de una religión animista, de rituales de éxtasis, posesión y de intervención de poderes sobrenaturales al neoplatonismo, la moral y la idea de redención, como también al trance de una sociedad imbuida de este espíritu a otra que descubre la extrañeza del Yo. Es decir, el paso del paganismo a las religiones de El Libro, y el paso de la sociedad tradicional a la industrial, que marca a su vez la creación del psicoanálisis. En ambos casos hubo un cambio cosmogónico radical que transformó el universo a medida que se ilustraba una nueva relación con él, o dicho de otro modo, se asumía la nueva explicación que de él se daba. En ambos casos también hay una relación de perpendicularidad entre lo viejo y lo nuevo: en la asimilación colectiva de una nueva cosmogonía, y pasado el tiempo en que el paisaje humano ha cambiado totalmente de acuerdo a sus premisas, el nuevo cambio de perspectiva implica un repentino descubrimiento de una dimensión insospechada, sea ésta el Reino de los Cielos o nuestra psique, que se revela aquí como si se tratase de un nuevo cielo que brillara (o se oscureciera) ante nuestra primera mirada.

Si la moral de la religión neoplatónica representa un proceso de despragmatización y consecuente trascendentalización del acto humano (los ritos paganos están lejos de ser lo misteriosos que parecen, ya que para el participante se trata de un acto práctico. Es un tipo de comercio en lo espiritual con fines terrenales; un trueque con el más allá), la revelación de los mecanismos de la psique nos hace responsables de nuestros actos en la medida en que nos libera del pecado original, premisa cristiana del estadio anterior. En ambos casos descubrimos que las leyes que rigen la nueva naturaleza se abren unas a otras, y sólo ante la asimilación de una ley podemos comprender sus inmediatas consecuencias, los nuevos dilemas que esta ley propone. Ante estos sobresaltos, el paisaje común anterior a la revelación aparece en su verdadera pequeñez, y parece que de este modo cobre vida y se convierta en un ente misteriosamente similar a nosotros mismos, condenado también a vivir bajo el nuevo cielo con la misma perplejidad. Es el barro, antes inhóspito y ahora familiar.

Según una actualización de esta misma transformación cosmogónica, en la actual era de la comunicación la antigua relación unilateral entre emisor central y receptor pasivo (la televisión, la prensa y la radio, iconos de la primera fase telecomunicativa del siglo XX: desde Hertz-Marconi hasta la creación de World Wide Web, en 1990) se convierte con Internet en una red multinuclear (más que descentralizada, ya que existen los servidores) de comunicación-relación bipolar en tiempo real. Las cajas chinas adquieren aquí una dimensión espectacular: si a las capas sucesivas de transformaciones cosmogónicas de la historia se le añade una nueva forma de comunicación total, la sensibilidad, la creatividad, la fe, y en fin, las cosmogonías personales, ahítas de referencias bíblicas, históricas, artísticas, encuentran aquí un nuevo sistema de interrelación informativa. Estamos lejos de transformar de nuevo nuestra asunción del cosmos si no es a través de las ciencias (que ya llevan implícitas una forma de asunción, incomprensible, pero irrefutable), pero esto mismo, en términos estructurales, no ha cambiado nada: los científicos son los chamanes o los sacerdotes de antaño. Faltaba crear una nueva dimensión en el modo de comunicarnos, de anunciar la Buena Nueva, el Nacimiento, la Palabra, la Revelación, pero esta vez desde el ámbito exclusivo de lo individual y privado. De este modo, cada individuo vivirá los mismos cambios que ha sufrido la historia y, sin habérselo propuesto, devolverá al arquetipo a su receptáculo único: Isis será de nuevo nuestra madre, Orfeo y Heracles las sombras que proyectamos en la pantalla del Otro, el Semejante.

¿Qué es lo próximo? ¿La creación de castas según el propio criterio en el modo de utilizar el medio? En ese caso, está claro que el campo de batalla no sería exclusivamente Internet. Al menos por ahora se parece demasiado al mundo real.








En esta escultura de Brancusi, Male Torso, el ídolo a adorar tiene dos rostros: uno cóncavo, que responde al título; el dios ha bajado a la tierra y ha puesto los pies en el suelo. Pero otra mirada, tras un zoom, vería el centro de ese mismo torso convexo y descubriría una forma convexa, una erección que se proyecta con una fuerza indescriptible hacia el cielo. Trampantojo espiritual, no sabemos si es el dios que se divide en dos principios al aterrizar en nuestra realidad o es nuestro poder que se erige, sintético, hacia el Todo.


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