martes, noviembre 09, 2010

LECCIÓN DE CINE DE SOKUROV

En Strangers On A Train de Hitchcock, dos personajes se conocen en un tren y confiesan sentir apuro por un familiar. Uno de ellos fantasea con la idea de que uno pueda matar al familiar del otro sin dejar rastro y sin evidencias de una complicidad, ya que ellos se han conocido fortuitamente y nada demuestra que haya ninguna relación entre ellos. La cosa es que éste mata a la mujer del otro y acude a su casa para decirle que ahora tiene que cumplir su parte del trato. En la escena vemos cómo le llama por su nombre desde el otro lado de la calle y se esconde tras la verja que cierra un callejón. Hitchcock inicia aquí un juego con los barrotes de la verja estableciendo una analogía con los barrotes de la cárcel. Pero el recurso del que quería hablar está en el momento del plano-contraplano en plano medio, cuando Hitchcock fuerza un fallo de continuidad al acercar la cara de los dos actores a los barrotes en sus respectivos planos, relatando mediante un objeto escénico lo que uno de los personajes le está explicando al otro, a saber, que ya no puede escapar, que han hecho un trato y lo tiene que cumplir.


Ved el fragmento aquí; no he podido embedarlo.

En Padre e hijo, Sokurov utiliza el mismo recurso con una ventana (creo recordar que de una biblioteca) y regala a la posteridad una escena de una gran belleza. Los chicos quieren acercarse uno al otro pero la timidez adolescente les lleva a mantener la ventana entreabierta como una forma de obstáculo emocional. El chico protagonista se debate entre mantener ciertos rasgos de carácter y de costumbres de la infancia arraigados en la casa paterna y en la figura del padre y el deseo de embarcarse en aventuras adolescentes. Hagan el favor de ver esta película, que es sublime.