domingo, octubre 11, 2009

LO GUAY Y LA MÁSCARA

Cuando estudiaba cine en Londres los profesores nos advirtieron de una serie de tópicos impresentables, de una serie de lugares comunes de los que debíamos huir a la hora de hacer un cortometraje. A saber, el “shit happens”: chico conoce chica, o chico y chica se despiden acaloradamente demostrando su amor, y acto seguido, se separan y la chica (siempre la chica) se va calle abajo con una expresión distraída, porque está muy enamorada del chico (que no es otro que el director) y de repente, ¡Zas! Un coche atropella a la chica. Shit happens. The End. ¿Qué carajo significa esto? ¿El conflicto es un accidente? ¿O el Destino? ¡Qué gran tema el Destino! Sobre todo cuando afecta a la escritura de un guión. A lo mejor estaba escrito que escribirías una birria de historia, porque tienes veintidós años y eres un pardillo que cuenta las monedas de la semanada y todavía crees que tu novia tiene mucha suerte de haberte conocido, porque eres un director de cine con futuro. Hay docenas de directores que se han pasado horas y horas escribiendo o repasando guiones solamente para que tú no expliques nada más que si te enamoras te puede atropellar un coche.

Peor aún en el caso de los telefilmes: Chica guapa, elegante y además independiente. Se despide de los compañeros de oficina. Va vestida con falda de tubo y zapatos de tacón. Le dice a un compañero gay que a ver si se ven esa misma noche de viernes en el bar y bromea con el portero sobre las horas extra que le deben los jefes. Levanta una mano e inmediatamente un taxi para a su lado porque es Wall Street y los taxistas sij de New York saben que los ejecutivos dejan mejor propina. La chica llega a casa y le da un beso a su novio que está terminando una escultura. ¡Oh, la chica es guapa e independiente y además tiene sensibilidad, porque en lugar de salir con un ejecutivo se ha enamorado de un artista! ¡Qué tía más guay! Ya, pero... ¿qué pasa?, pues que el novio se va a un vernissage y ella le dice que se queda en casa, que está cansada, y esa misma noche un descerebrado entra por la ventana y la viola. El resto de la película es un drama de abogados, policías y un novio que la abraza muy fuerte con sus espectaculares bíceps. Fascismo puro. ¿Qué es lo que realmente quiere decir una historia como ésta? Pues que esto le pasa a la chica por ser tan independiente. Que debería ser una buena esposa y plancharle los calcetines a su marido en lugar de tener amigos gays y decirle al novio que no le va a acompañar a sus compromisos sociales.

En Londres también nos hablaron del “park bench syndrom”, la típica historia de dos personas tímidas que se encuentran en el banco de un parque de Londres y acaban compartiendo un sandwich. Los pobres estaban hasta los cojones de cortos sobre encuentros en un banco del parque. Creo que Jarmusch sería duramente criticado en uno de los pases trimestrales de aquella escuela.

Hoy he tenido la mala suerte de ver Death Proof del subnormal de Tarantino. Creo que si me hubiera abstenido de verla ahora seria una persona menos sucia y más feliz. Porque crear un espacio de empatía hacia unos personajes para después hacerlos chocar con esa repugnante vehemencia es digno de la conciencia más enferma. Aunque el segundo grupo de chicas (así de crudo) consigan vengarse del hijo de puta, el mensaje está claro: si sois las chicas más guays de la ciudad y lleváis a los pardillos locales de culo, algo malo os pasará tarde o temprano, y algo malo será que un hombre maduro os mate con absoluta premeditación. No me puedo imaginar una historia más fascista y machista enguantada de Pussy Power que ésta.

Sin embargo, ésta película tiene un precedente claro: Psycho de Hitchcock. Aparte de los logros formales, Psycho es un engaño absolutamente intolerable. Conocemos a una trabajadora que ha robado un dinero y ¡Zas! El Buen Dios justiciero le da su merecido. Si robas a tu jefe varón, vendrá un psicópata disfrazado de su abuela y te dará quince cuchilladas. Fin de la historia. Porque a ver quién es el guapo que se acuerda de lo que pasa después… pues lo mismo que en el telefilme.

Ay, chicas guapas del mundo, si nos robáis, nos seducís o nos humilláis, siempre habrá un psicópata que haga el trabajo sucio por nosotros.

La escena del choque de Death Proof es además un regocijo visceral absolutamente gratuito que a estas alturas debería estar censurado por la crítica como “deleznable”.

Suerte que tengo una colección de Kurosawa que está elevando mi espíritu a las más lejanas galaxias del arte cinematográfico con sonrisas agradecidas y lágrimas espesas. Prometo post sobre él en breve.

4 comentarios:

Miguel dijo...

Lamento disentir con respecto al "shit happens"... cierto que se ha abusado de él, pero es uno de los recursos básicos para construir ficción, desde tiempos inmemoriales... (mírate el capítulo 33 de "The Art Of Fiction" de David Lodge). Ya me dirás tú de qué figura retórica no se ha abusado en algún momento :)

En cuanto a Death Proof... coincido que es una mierda y Tarantino un tarado que a veces resulta divertido y a veces no. El sadismo de la escena del choque me revolvió las entrañas.

Y prefiero recordar a Kurt Russell de camionero un poco burro en Big Trouble in Little China o de sarcástico - pero de buen corazón - presidiario en 1997: Escape From New York.

Institut d'Estudis Sempronio de Barcelona dijo...

Bueno, que el "shit happens" sea una opción no significa que sea válida.
No sé, yo a mi perra la quiero mucho, pero si publico una película con mi perra saltando y corriendo detrás de una pelota con "La vida sigue igual" de fondo, el público tendrá un subidón de azúcar y saldrá temblando de la sala. Si además termino la película que mi perra se despeña por un barranco, los cuatro burros de turno me dirán: "Menos mal que se ha despeñado, porque si no, no habría conflicto".

Miguel dijo...

Point taken. Que sea opción no significa que sea válida para lo que a uno le interesa.

Un uso más divertido de tu perra, podría ser el siguiente: estás en la playa con ella y la pobre, a la que no le sentó bien el dog chow, hace sus cositas al borde del agua antes que puedas evitarlo. En ésas que sale una tía despampanante del agua y deslumbrada por el sol, no ve la cosita y la pisa.

A mí me parece una manera muy original de dar pie a una preciosa historia de amor.

Institut d'Estudis Sempronio de Barcelona dijo...

¿Ves? ¡Ya estás pensando en heces! ¿Por qué siempre tiene que haber sangre o heces? jejejeje