miércoles, abril 29, 2009

SHEBAM ! POW ! BLOP ! WIZZ !

Escribí esto hace unas semanas y me colgué. Bueno, ya está un poco pasado pero como ya está escrito, pues lo subo.


Los estudiantes han conseguido que se hable de ellos aunque se hable mal. Bueno, supongo que es parte de la estrategia… del mendigo. Si lo más acertado es enfrentarse de cara con la realidad, esto es, con la policía, los rectores, los políticos y los medios de comunicación, es que no habéis entendido nada.
Siento decir algo tan vulgar, pero lamentarse de la actuación de unos antidisturbios es como quejarse del precio de los kalimotxos en la Ovella Negra.
Compañeros, los mossos que os muelen a palos no tienen estudios, ¿vale? Por eso su cocaína es gratuita.
Todo lo que habéis conseguido es que El Periódico os llame guarros y La Vanguardia, cutres y desorganizados. El enfrentamiento directo es una estrategia del pasado que hoy en día los medios de comunicación aprovechan para desvirtuar cualquier causa, por muy justa que sea. El tiro os ha salido por detrás de la diana, y por la tele lo vemos muy clarito, en contraplano. Habéis hecho apariciones estelares en la tele, en el programa del Cuní y el de la Hora Q, que es como ser la cantante de Nena Daconte y repetir que tienes mucho que contar. Ahora tenéis ése mismo brillo que reluce en el escote de Dolly Parton, pero en una versión YouTube en calidad VHS. Sois de anteayer, que es mucho peor que haber sido guapa hace cuarenta años.
Estrategias sesenteras contra sesenteros.
La manifestación se tiene que hacer en las aulas en hora de clase, exigiendo en lugar de protestar. Cuando se protesta, se da por sentado que se acepta la derrota.
Os recomiendo la acción pasiva, que no es otra cosa que dejar que se pudran las cosas; porque es más efectiva. Está demostrado: el poder sólo cambia de política cuando aquello que ha menospreciado empieza a oler mal.

Y por cierto, los putos sesenta, ¿alguien me puede explicar qué tiene que ver un reformista checoslovaco que se encara con un tanque ruso en aquella gloriosa primavera del ’68 (aunque durara de enero a agosto) con un comunista francés de la Sorbone, pro-soviético para más señas (o pro-Mao, o pro-Pol Pot, para colmo, como demuestran las conversaciones de Foucault con los estudiantes)? ¿Por qué me quieren hacer creer que comparten algo aparte de la edad? Y a su vez, ¿que tienen que ver estos dos con un hippy de Haight Ashbury que ha quemado su papeleta de incorporación a filas en la guerra de Vietnam y que se ha fumado un porro antes de ir a un concierto de Zappa? El militante comunista francés no estaba en contra de la guerra de Vietnam, sino de la intervención del ejército norteamericano, y absolutamente a favor de que el Vietcong invadiera el Vietnam del Sur (yo también). Y de nuevo, ¿qué tienen estos tres en común con un londoner que lo deja todo y se va a la India a ingresar en un ashram, un centro de meditación? Que me lo digan, que todavía tengo minutos que perder…
Y a esos cuatro, añádese un barcelonés que escucha Bob Dylan y está todavía aprendiendo a hacer un arpegio de guitarra que vaya del Re menor al La menor y después al Mi mayor. Porque nuestros sesenta no fueron el cine de Berlanga, la poesía de Cirlot, los cuadros de Tàpies, las soleas de Antonio Mairena, nooooo, nuestros sesenta fueron los discos de Bob Dylan (menos mal que algunos escuchaban a Paco Ibáñez y a Ovidi Montllor).
¿El hippy yanqui y el londoner budista leían a Sartre? Ni de coña… ¿El comunista francés y el reformista checoslovaco escuchaban a Zappa? Pues no, me huelo que escuchaban a Bach, porque era gente de clase media, de nivel cultural alto. (Y no digo esto en detrimento de Zappa, por Dios, que es mi ídolo).
¿Por qué insisten en convertir ésa década en una unidad de sentido? ¿Acaso no fue la década más confusa del siglo XX en términos ideológicos? Todavía hoy tenemos que relacionar drogas y budismo, marxismo y liberalismo, humor y compromiso como aspectos complementarios de las batallitas de nuestros padres, que para colmo, son hijos de una posguerra de un conflicto armado que tuvo más repercusión en el mundo occidental que la revolución bolchevique.

Francamente, no me gustaría nada que me relacionaran con un perroflauta de Torino que toca himnos obreros con la flauta aunque mendigue en lugar de trabajar, o con un discjockey londinense tatuado hasta las cejas que flipa con Trainspotting, o con un gay aficionado al cuarto oscuro de la Metro, o con un ecologista abstemio y fumeta con la camiseta de El Che, o con un fan de Coldplay…
Pero hay que joderse, mi generación pasará a la historia como víctima de una melancolía de iPod y hamburguesa de tofu, o en otras palabras, una generación que se lamenta de lo que le sobra.

Los hijos de la primera generación de la clase obrera que accede a la universidad se quejan del capitalismo. Bueno, un país donde la seguridad social no cubre la odontología o la osteopatía es un país que vende barato lo público. La Universidad es un negocio como cualquier otra institución.

lunes, abril 20, 2009





Al final l'he pujat. El video és de la Deboroshka. Posa't bé i quedem aviat!!!