viernes, marzo 20, 2009



Me ha gustado mucho este documental sobre Joy Division que ha programado Sputnik (la segunda parte la echan hoy o mañana). Cuando Bernard Summer dice que no vio un árbol hasta los nueve años se me pone la piel de gallina. Pero bueno, quería hablar de las imágenes de archivo que aparecen al final de este extracto del youtube, cuando un pardillo que hace cola para ir a un club de Manchester dice: "Mírame, no soy nada..." y una chica le responde "Eso es el punk". Sabemos que el punk lo inventó Malcolm McClaren después de un viaje a New York en el que escuchó a The Ramones y vio cómo vestía Richard Hell (pelo y camiseta cortados con las tijeras de despedazar pollos), y después de abrir una tienda de ropa en el barrio de Chelsea con Vivianne Westwood. O sea, una pijada en toda regla al servicio de una idea avanzada de marketing. También sabemos que Bernie Rhodes juntó a los The Clash y que estos no se conocían de nada antes de su primer ensayo. En definitiva, el punk fue un invento de productores muy listos. Pero hay algo innegable, un dato imprescindible para entender lo que sucedió mientras estos tipos pensaban en camisetas: y es que la juventud de aquél momento necesitaba esa música, esa energía, esa mala leche. Todo era mentira, pero la respuesta del público fue sincera. Si podemos afirmar que el punk existió es porque el público lo convirtió en algo real. Este chico que dice "Mírame, no soy nada" es el paradigma de un contexto socio-cultural que creó el punk, aunque éste ya viniera prefabricado en términos mercantiles.