jueves, febrero 28, 2008

Es tan gracioso ver a dos liberales (uno ex-conservador y el otro ex-socialista) criticándose mutuamente por no haber llevado a cabo medidas estatalistas... Ahora nos venden intervencionismo; pues como no sea electoral...

Por cierto, ¿nadie les ha dicho que lo de las cartulinas es ridículo?


1.

Consultando la wikipedia me he encontrado con la opción lingüística del "Chavacano de Zamboanga". No, puede ser, es una broma. Pues no, no es un broma:



No se pierdan esta página sobre esta magnífica región filipina:



2.

Y es que estaba buscando información sobre el cineasta Dennis Potter, del que acabo de ver (ahora me entero) la segunda parte del "The Singing Detective (1986)". Pues resulta que no hay ninguna página en la wiki en castellano ni nada publicado en España de este genial guionista y director británico, al que descubrí leyendo críticas y comentarios sobre "On connait la chanson" de Alain Resnais. Un breve vistazo a su biografía me permite comprobar que acabo de ser testigo de una ficción somatizada (curiosamente, muy parecida a "Providence" (1977), otra película de Resnais con guión de David Mercer). Miedos y traumas de infancia afloran debido a una enfermedad del presente, ambos tiempos se funden en una dinámica que, lejos de confundir, desvela.

Hay en la página de la wiki un par de perlas:


"Potter unsuccessfully stood for Hertfordshire East in the 1964 general election. By the end of the campaign, he claimed that he was so disillusioned with party politics he did not even vote for himself"


"On Valentine's Day 1994, Potter learned that he had terminal cancer of the pancreas and liver. It was thought that this was a side effect of the medication he was taking to control his psoriasis, also considerably aggravated by his chain-smoking habit. With typical sardonic humour, he named his cancer "Rupert", after Rupert Murdoch, who represented so much of what he found despicable about British mass media"



3.

(No hay manera de conectar este último comentario con el siguiente como hace la gente de la tele) ¡Pues nanai, que cambio de tema, mecachis la mar!

Hoy he probado de hacer una receta de pasta como la que me dio a probar mi compañero de curro Vincenzo d'Agostino, de Livorno: ¡¡Spaghetti pizzaiola!!

Ésta es la grandeza de una cultura culinaria como la pasta italiana, la sencillez como condición de exquisitez. Y es que aquí tendemos a cometer dos errores imperdonables:

3.1. "La pasta italiana es aburrida, porque sólo son tres platos: boloñesa, carbonara y napolitana"

Mentira, el recetario no tiene fin, y además, una cosa es hacer macarrones a la boloñesa y otra muy diferente penne rigatti a la bolognese. Nada que ver. Por cierto, la carbonara no lleva crema de leche, eso es un invento gabacho. La carbonara es huevo batido que se cuece al mezclarlo con la pasta caliente, y se llama carbonara porque lleva pimienta.

3.2. "Cuantos más ingredientes lleve la pasta, mejor". Mentira; en las casas italianas, lo habitual es comer pasta con dos o tres ingredientes máximo, como las pizzas napoletanas de verdad. Lo que ocurre es que nuestra verdura española ya no sabe a nada, por eso queremos más estímulos.

Por cierto, si lleva ajo, anchoa o verduras, no lleva parmiggiano. ¿Vale?


Pues bien, siguiendo la estela bloguero-culinaria de nuestro amigo Ivo von Menzel, os voy a dar la receta de la pizzaiola, que recibe este nombre por llevar los mismos ingredientes que la pizza.


Pasta De Cecco o Voiello (bueno, va, Barilla no está mal), preferiblemente Fetuccelle, Spaghetti o Buccatini.

4 Tomates-pera grandes. Imprescindibles, si es otro tipo de tomate conseguiremos un sofrito cualquiera, ácido y nada sorprendente. Es el ingrediente madre.

Orégano bueno.

Aceite de oliva virgen.


Es importante que empecemos por la salsa, porque la pasta tiene que servirse enseguida. Así que pondremos el agua de la pasta en el fogón y cuando esté hirviendo hundiremos los cuatro tomates-pera durante unos 5 ó 6 minutos, para que se pelen y se cuezan un poco. Una vez apartados en una escurridera, dejaremos que se enfríen un poco y les quitaremos la piel y las pepitas y nos quedaremos con la pulpa, que seguidamente picaremos con el cuchillo cebollero. En una sartén ancha pondremos bastante aceite de oliva virgen (que cubra el fondo) y añadiremos el tomate para que se sofría; un minuto depués añadiremos sal, pimienta y orégano y daremos unas vueltas para que se mezcle. Es el momento de cocer la pasta en la misma agua hirviendo (importante: 1. no añadir aceite al agua, eso es un invento nuestro. 2. Calcular escrupulosamente el tiempo de cocción que indica el paquete. 3. Remover varias veces para que no se quede la pasta enganchada). Tras haber escurrido la pasta (20 segundos) la añadiremos a la sartén de la salsa y removeremos con ruido y furia.

En el momento de servir podemos añadir parmiggiano rallado en el caso de no haber utilizado ajo picado (una variante llamada carretiera, con perejil).

El sorprendente sabor de esta receta se debe al uso del tomate-pera y la sencillez de sus matices. Ya me contarán...

O me lo piden y yo se lo hago, que casa mia é casa vostra.

4.
Por cierto, como ven he cambiado el color del fondo del lolabech porque el fondo negro daña la vista.

viernes, febrero 22, 2008

El projecte MISALUBA ha estat seleccionat a la convocatòria del Centre D'Art Santa Mònica. Podreu llegir qualsevol noticia al blog que he obert sobre el tema. Al mes de Maig gravarem i farem un concert. www.misaluba.blogspot.com

miércoles, febrero 06, 2008


Acabo de ver la adaptación de la novela de Potocki “El manuscrito encontrado en Zaragoza” que Wojciech Has llevó al cine en los años sesenta. Es una absoluta maravilla (las podéis pedir al Fnac, os costará unos 17 euros). En ella encontramos la técnica llamada “de las cajas chinas”, es decir, una historia dentro de otra historia y a su vez, otra historia que nos lleva a otra historia. Pues resulta que llevo una semana de cajas chinas, porque estoy leyendo el “Berlin Alexanderplatz” de Alfred Döblin (porque han editado la adaptación de Fassbinder en DVD), y nada más empezar, nuestro anti-héroe, que sale de la cárcel, termina en casa de un judío que le explica la historia de otro judío, en este caso albanés. Todavía no sé nada del protagonista y ya me están hablando de otra persona (la sorpresa me la he llevado en un capítulo en el que hay una conversación con Job que se parece muchísimo, demasiado, al inicio de un guión para teatro que llevo años arrastrando).
Algo parecido me puede haber pasado con la última entrada del blog, y es que me parece que no puedo hablar si no es en un estilo didáctico, académico. Intento utilizar cajas chinas literarias que remitan a conceptos ya asumidos y me encuentro con que tengo que aclarar los pasos recorridos. Si asumimos que Democracia=Libertad, entonces tenemos que medir el grado de libertad que garantiza un sistema capitalista que podríamos definir como “la garantía de un rápido y seguro enriquecimiento por parte de unos pocos gracias a unas políticas legitimadas en las urnas”. Si asumimos que Poder Estatal= Dictadura, entonces deberíamos medir e identificar las prioridades de los ámbitos operativos que garantizan la supresión de los órganos de explotación, o en otras palabras, “hasta qué punto nos sirve, o nos interesa, que supriman las libertades civiles”. Estas ecuaciones me parecen estúpidas.
Esto me pasa por ser un asamblearista en horas bajas. Sí, amigos, aquél que desearía aniquilar el Estado, se convierte en su mayor defensor ante las gilipolleces del capitalismo. Si a usted le suena contradictorio, vuelva a leer lo escrito. El objetivo del socialismo real (y el anarquismo es socialismo) es la defensa de lo público, aunque a corto plazo signifique blindar el Estado.
Y hablando de cajas chinas, ahí va esta foto de "Belle de Jour" de Buñuel (reconocido amante de "El manuscrito encontrado en Zaragoza"), en el que un chino le lleva una enigmática caja que zumba como una abeja a un personaje que comprende mejor que el espectador lo que eso significa.