sábado, octubre 27, 2007






Ésta es una de las virtudes de la música popular: cuando alguien "clava" una canción, el mundo entero cambia de cara. El canal 33 (que es una segunda cadena de una televisión que dedica su primer canal a la tercera edad y relega a su segundo canal lo que realmente todo el mundo debería ver, descubrir, etc) ha tenido la buena idea de programar el "Beat Club", un espacio televisivo británico de los 60' 70' lleno de maravillas. Ahí redescubrí este tema glorioso de los siempre bienvenidos The Kinks. Reminiscencias de mi adolescencia, de la que tanto adolecí...

sábado, octubre 20, 2007


Benvolguts amics i amigues rendistes,

tinc el plaer d'anunciar-vos que la revista "Rendistes de Catalunya" ja té la seva pròpia pàgina web. En ella trobareu el monogràfic dedicat a Roberto Pellicer i una magnífica crònica sobre la gauche divine.

La nostra direcció a internet és:



Esperant de vosaltres la mateixa fidelitat que us ha caracteritzat, us desitja, de tot cor, unes bones festes el redactor en cap Lucas Quejido.

Salut i peles!

jueves, octubre 11, 2007


Visca Catalunya! Ara ja som europeus! Els alemanys ens comprenen i ens accepten!
Quants segles hem trigat a fer una puesta de largo com Déu mana a Europa. Segles i segles d'inferioritat i complexes. Ara per fi podem parlar català a Frankfurt! I no passa res... Ja era hora. Visca la benedicció d'Alemanya! Si no fos per ells...
Res de Madrid... Frankfurt, sí senyor... Per fi un poble civilitzat ens aixopluga, ens regala i ens beneeix! Quina sensació! Ai, que m'escorro... Ja no som una colla de pagesos!

viernes, octubre 05, 2007






Pensando en las tesis de McLuhan y a la luz del nuevo diario Público, que es una mierda, no me queda otro remedio que aplicar la frase “advertisement advertises advertisement” de McLuhan al universo de la prensa “seria”, es decir, la prensa de la actualidad política. El otro día, y ante la propuesta de un referéndum por la independencia de Euskal Herria, el Público se mostró ante la clientela con una portada que decía “Otra vez Ibarretxe”. Un titular merecedor de La Razón (un papelucho que Eloy Fernández Porta denomina “un fanzine de la derecha”) es un perfecto “anuncio de sí mismo”. Un reclamo de última hora para asegurarse una primera semana de ventas. Ante un titular como éste, ¿importa si la línea editorial es de izquierdas o de derechas?
McLuhan nos decía que el medio era el mensaje (lo de “massage” en lugar de “message” era una errata de imprenta que McLuhan dejó tal cual de acuerdo a la propia tesis), que cualquier nuevo fenómeno tecnológico, artístico o mediático tiene una repercusión en nuestras vidas que trasciende el propio mensaje, porque crea relaciones nuevas con la realidad. La prensa, como cualquier otro producto, influye en nuestras vidas (“our affairs”) de la misma manera en que lo hace la publicidad o los mensajes políticos. La prensa también necesita adeptos-consumidores que garanticen su consumo, que corroboren sus estadísticas. La prensa crea un espacio de discusión imposible en el que nos vemos obligados a tener un criterio allá donde es absurda la posibilidad de opinión. Todos estamos, de repente, obligados a tener una opinión sobre Chávez, Putin, Morales, Bush, Ahmadineyad o Castro. Este espacio artificial y absurdo del que se nutre la prensa nos empuja a hacer un uso de nuestra relación con los demás determinante en función de la opinión, improvisada y fugaz, que de la actualidad podemos tener. Que nosotros, en Barcelona, tengamos algo que decir sobre Chávez es absolutamente estúpido: ése es el espacio de criterio ilusorio que la prensa crea a su alrededor para garantizar su permanencia, su sueldo. ¿Por qué se habla más de Chávez que de Uribe? Porque el primero es un payaso. Las consecuencias de sus políticas es un tema que se relega a las páginas centrales del diario, pero lo que vende es la foto de portada y la frase o anécdota intrascendente que la acompaña. ¿Nos encontramos, entonces, con que la portada ha dejado de ser la presentación-índice del contenido y se ha convertido en el anuncio del propio diario? Sin duda.
Aznar dijo “a mí no me han pedido perdón los árabes por haber invadido España”. La prensa no ha descalificado esta frase (que a cualquier otro le hubiera costado la cátedra), porque no quiere ser definitiva: la prensa dice que informa, y se niega sí misma el poder que sabe que tiene cuando se trata de descalificar a la competencia.
A nadie le hubiera costado nada decir: “cuando los árabes invadieron la Península Ibérica, España no existía; es más, tardaría ochocientos años en existir. A partir de ahora, nada de lo que diga este personaje aparecerá nunca más en nuestras páginas”. Pero nadie lo dijo. Básicamente, porque descalificar a Aznar de forma tajante significa no tener noticia cada vez que hable. Y eso es un precio muy alto. Existe polémica mientras los lectores alberguemos la sospecha de estar equivocados.
De la misma forma que hay razones para descalificar a Aznar hay razones para descalificar a González, pero el diario más leído en España no sólo no lo entiende así, sino que además publica artículos del éste, o de Santiago Carrillo, que ya hace mucho tiempo que han perdido toda credibilidad.
El nivel cultural de la clase política es tan pequeño que sus artículos, al lado del supuesto pedigrí de los columnistas, pone en jaque a la propia línea editorial que de forma tan celosa se enorgullece el propio medio. Si ya son repugnantes los columnistas, peores son sus enemigos, los políticos. Pero el diario no se resiente, a eso lo llama “pluralidad”. Así, quizás España existe desde hace tres mil años… cinco… diez.
Cuando Ahmadineyad visitó la ONU, había gringos con pancartas en apoyo a este hijo de puta tirano de la madre que lo parió. Fue muy divertido cuando dijo que en su país no hay homosexuales, como en EEUU. Tenía toda la razón, claro, no hay homosexuales en su país, sencillamente, porque él los mata. La próxima invasión, o debería decir el bombardeo sobre la población civil iraní está preparada y escrita desde los años noventa. Ahmadineyad es tan sólo la excusa. Pero hay gringos que, conscientes de la desinformación a la que son sometidos, hacen gala de esa desinformación para esgrimir argumentos en contra del gobierno de EEUU.
Nada es justificable desde una visión simplista de los hechos, pero cada día, no obstante, justificamos lo que negamos al poder, es decir, el derecho a opinar a partir de unos datos minúsculos, quizás sesgados, siempre insuficientes.
No somos tan listos, o en todo caso, no seríamos tan tontos si la prensa fuera realmente “seria”.
Pero en España nada es serio.