viernes, agosto 31, 2007

viernes, agosto 24, 2007

VIAJE A EUSKADI

Mi objetivo era principalmente visitar a unos amigos y no perder la ocasión de acudir a museos y galerías. Si a eso le añadimos la epifanía gastronómica que supone viajar al norte, no puedo estar más satisfecho. (La foto es mía, hasta nuevo aviso, las siguientes están bajadas del google).



La primera noche en Bilbo me fui solo al Casco Viejo a descubrir bares y a degustar pintxos. El barrio antiguo de Bilbo es una zona peatonal de calles relativamente estrechas y edificios de cuatro plantas con galerías y balcones cubiertos realmente acogedores. En la Plaza Nueva inauguré mi aventura pintxera en el Víctor Montes y en el Café de Bilbao. Un pintxo de txangurro fue el txupinazo, cual pedazo de cielo, de una noche muy larga y densa, de la que salí con una acidez de estómago como pocas recuerdo. Demasiado huevo: todo es mayonesa, tortilla o yema hilada. A Castro Urdiales llegué al día siguiente con el hígado reventado y sin sospechar lo que me esperaba: las mejores rabas que he comido nunca, en el bar Alfredo, y una rueda de bonito enorme, perfecta y sabrosísima, en un menú de diez euros. Yolanda, mi anfitriona, me paseó por el puerto, la iglesia, y me explicó que en el ayuntamiento gobiernan el PP e Izquierda Unida. ¿Cómo? Pues sí... el concejal de IU es un antiguo portero de discoteca reciclado en un trepa mafioso. Bueno... lo de siempre, lo español.

El jueves 16, antes de la odisea tabernera, estuve en el Museo de Bellas Artes, en cuyo vestíbulo el visitante puede contemplar unas cuantas obras maestras. A destacar dos piezas de Anish Kapoor. He conseguido encontrar una foto de una de ellas.






En un bloque de mármol, Kapoor nos invita a ver la mitad de un huevo desde dentro y a contemplar las vetas de la piedra en su corazón. Mármol vivo, palpitante. El museo también cuenta con una selección de piezas de Oteiza y de Chillida (confirmo la superioridad del primero, ¡cagüen sos!) además de un par de cuadros de Palazuelo, a descubrir, y dos piezas de los sesenta de Vicente Larrea. De este último, Bizkaia está plagado, en las carreteras o en un cruce de calles de Bilbo, pero esas esculturas-boñigas de papel arrugado no me gustan; prefiero lo anterior. Una expo temporal me ha descubierto unos dibujos de Picasso del año 1933 increíbles. Me compré el libro de esta expo y un ensayo sobre Oteiza que añado a la colección.



El sábado me pasé la tarde entera en el Guggenheim. Es un edificio extraño por fuera y una sala de exposiciones ideal por dentro. La disposición radial de las salas, según la pauta del edificio de Lloyd Wright en Nueva York, permite la estructuración temática de las exposiciones a la vez que propone un recorrido físico del espectador por el espacio arquitectónico (el ascensor mola mazo). Allá descubrí a Anselm Kiefer, un artista alemán alucinante, responsable de una obra monumental en la que ha mezclado abstracto, conceptualismo y simbolismo místico. Estudioso de la cábala, de la astronomía, deudor de una serie de filósofos outsiders y abanderado de una tendencia pictórica en la que se inscribiría nuestro pardillo Miquel Barceló si tuviera sangre en las venas, Kiefer es un Wagner plástico que solamente una sala como el Guggenheim podía acoger, por las dimensiones de sus cuadros y, de nuevo, por la disposición de las salas. En ocasiones, Kiefer verticaliza, es decir, erige, lo que ha creado desde la horizontalidad total: son cuadros que se observan como si se pisasen.









En otras, hace aterrizar mensajes, cual palabra revelada, al nivel de los mortales.


La pieza de la izquierda se llama "The Breaking of the Vessels (Shevirat Ha-Kelim)" y hace referencia a la doctrina cabalística según la cual el ser humano, al ser expulsado del paraíso, es decir, al ser relegado del rango espiritual al que pertenecía, eliminó algunos de sus atributos esenciales, o potencias, o chakras, que le unían con Dios, es decir, con la conciencia universal. O dicho de otra forma, rompió con los canales de comunicación que le conectaban espiritualmente con el Todo. La pieza de la derecha se llama "Emanation" (creo recordar), y aunque parezca que la emanación, que es de plomo puro (ahí entra la alquimia) y surge de la tierra hacia el cielo, según el propio artista, tal y como explica en la entrevista que incluye la exposición, es una emanación que proviene del más allá y se introduce en la tierra, es decir, es cóncava. Las olas que conforman el fondo del cuadro son más reales que las olas mismas, porque surgen del mercurio del fenómeno estético.

Pero la verdadera reina de la fiesta es sin duda la exposición permanente de Richard Serra y su "La materia del tiempo" en una ala gigantesca del museo. No voy a perder el tiempo en describirla, hay que caminarla, tropezarla, rodearla, recorrerla, y ser topo de ella, semilla y parásito de ella...



Desde que acudí al Seminari d'Art Contemporani de la Escola EINA en el año 92 y 93 que quería experimentar una pieza de Serra. Por fin...

En el Guggenheim también se puede visitar una expo muy interesante sobre arte vasco de los últimos cuarenta años. Madre mía, eso es terrorismo... lo demás son bombitas caseras con la perola de las potxas de la abuela. Habia una kutxa metafísica de Oteiza con un mango de cajonera, en plan pret-a-porter.


Y hablando de terrorismo, el Puppy de Jeff Koons es quizás la sobrada más descojonante de la historia de la museología del siglo XX. No lo puedo evitar, cada vez que lo veía, de lejos o de cerca, entrando o saliendo del museo o desde la plaza Muyoa en la calle Iparragirre, da igual, me moría de la risa. El comisario que dio luz verde a esa propuesta estaba borracho o es el mejor comisario de la historia del contemporary art. Tengo que decir, no obstante, que no sé si Frank Gehry está contento con la idea, porque el Puppy influye de manera tajante en la percepción del edificio. Se diría que es la guarida donde el osito hiverna, o la corroboración del aspecto Walt Disney que el edificio inspira irremediablemente debido a las protuberancias de las planchas de la fachada, que remiten a una textura esponjosa.
A partir de aquí, las fotos son mías.













Pues bien, me fui a Gernika a visitar a los colegas David e Idurre. Recordaréis a David porque trabajaba conmigo el el restaurante El Salón. Idurre es de Durango, y después de pasar un año allá, se acaban de instalar en Gernika en un piso de puta madre en la Kalea Calzada. David trabaja de jardinero en el pueblo, y es el responsable, entre otras cosas, de cortar los arbustos que rodean al famoso reloj. Todavía no sé si también lo tiene que poner a la hora... ¡Oso ondo!




En el parque de Gernika hay una pieza de Henry Moore y otra de Chillida. Me caí del caballo...




















Luego fuimos, o mejor dicho, conseguimos llegar al bosque de Oma a ver el "Bosque encantado" de Ibarrola. Nada, una kumbayada de los setenta:




En Gernika fuimos a ver una expo de los bocetos del Guernica de Picasso. Es muy interesante, por no decir imprescindible, descubrir las primeras ideas y la progresión que sufrió el cuadro en un lapso de tiempo bastante corto. Al principio, Picasso le daba una importancia al caballo y al toro que luego quedó velada por otras presencias. En un momento del proceso, la figura central iba a ser una figura masculina que levantaba el brazo y empuñaba un fajo de hierba arrancada, probablemente una imagen demasiado vinculada al socialismo. Con buen tino, Picasso decidió descentralizar la atención y forzar un recorrido de la mirada que abarcase a todas la figuras en un desorden violento y lleno de aristas. La expo permanente sobre el bombardeo descubría las publicaciones de la época, con un ABC que se presentaba como "diario republicano de izquierdas" y un Correo (el diario que lee la mayoría hoy en día en Euskadi) que afirmaba, en la cabecera, pertenecer a la falange.
En casa de David e Idurre pude degustar las delicias caseras del padre de ella: txakolí, cangrejos de río, marmitako, membrillo de manzana, conserva de atún, pimientos del padrón, etc.
En el mercado de los lunes compré un par de quesos de montaña (un cabra curado con orujo que a la vuelta despertó piropos y lozanías en un "dijous a la fresca" de Víctor Caballero y Antonia) y unas anchoas de Santoña que estoy degustando ahora mismo con lagrimilla y pezón duro.

El último día volví al Museo de Bellas Artes de Bilbao a ver una expo sobre arte y feminismo bastante decepcionante por el contenido. ¿Feminismo artístico es mear a diestro-siniestro? Bueno, el tema merece un post aparte, y es que la literalidad en el arte no es buena consejera. Al lado de genialidades de Cindy Sherman, Barbara Kruger y Yoko Ono habia chorraditas de licenciada-subvencionada-mepicalahormonamogollón que hacían más daño al corazón que a los testículos. Aún y así, descubrí a Mary Kelly y sus "piedras rosetta". Ahí queda eso.

En fin, quedaba por ver otra expo sobre un fotógrafo japonés que no conocía: Shomei Tomatsu.
¿Cómo describir un deslumbramiento colosal como guinda a tanta maravilla? Después de media hora me mareé y tuve que salir. Llevaba ya tres cañas, cinco pintxos y tres cafés. El cerebro tiene un límite, y Tomatsu merecía él solito un viaje a Japón.











Brutal, ¿verdad? Si a eso le añadimos una vigilante uniformada de la galería BBK tan fea que parecía dibujada por el creador de Shin Chan, la merienda está servida. He podido comprovar que un viaje cultural puede saturar hasta límites insospechados: txangurros, txikitos de rioja alavesa, richard serra, "txakolina bi eta caña, mesedez", la cábala, escritura rúnica escondida en los cuadros de Kiefer, las vasijas rotas, mujeres de perfil de bruja pirula, las txosnas llenas de kalimotxeros bailando al son de la trikititxa, antxoas de Santoña, el caballo del Guernica de Picasso, parejas y más parejas con churumbeles, txikiteros con camisas a cuadros, percebes, bacalao, bacalao, bacalao con Tomatsu, lluvia, sol, lluvia, sol, lluvia, y el Puppy riéndose de mí y yo de él.

Vaya semanita... Inolvidable. Yolanda, David e Idurre, ¡eskerrik asko!

miércoles, agosto 08, 2007

LA PLACA DE CHLADNI



¿Sorprendidos?
Ernst Chladni (1756-1827) fue un físico alemán que investigó la vibración del sonido y descubrió que si esparcía arena en una placa y la hacía vibrar con un arco de violín, la arena se distribuía formando patrones geométricos ordenados. En este video se puede ver un ejemplo en el que se ha utilizado un generador de tonos electrónico. Les invito a que investiguen en la red todo lo relacionado con las teorías de Hans Jenny, las fotografías de los cristales de agua de Masaru Emoto o la propia serie Fibonacci. Ya lo decía Pitágoras, que todo en el cosmos es vibración.

Ahora les invito a ver este video. Por favor, obvien el principio. Quédense con la copla y disfruten de las películas de archivo. Es el problema de los new-age, que son unos horteras.








miércoles, agosto 01, 2007

Murieron Bergman y Antonioni.
Hay una cosa que no entiendo. Hoy (o ayer), en el telenotícies, empezaban el reportaje sobre la obra de Bergman con imágenes de "El séptimo sello", su película más tonta, y quizás por eso, más popular. Este film, referencia obligada de la generación de nuestros padres, es un coñazo insoportable lleno de trampas dialécticas y símbolos trasnochados. Es un Bergman joven, y muy influido por la narrativa antigua. El caballero de turno juega al ajedrez con la muerte... Pues vaya idea más burra: hay que superar la cultura narrativa según la cual la muerte está representada por un ente individual. Qué curioso que la tradición nunca haya representado el nacimiento con un ente diferente a nosotros. No hay un dios, musa o ratoncito Pérez que represente nuestro nacimiento, porque ése, o eso, es solamente nuestro, se da en nuestra realidad. Sólo a la muerte le conferimos una entidad fatal que llamamos destino, y la representamos como algo ajeno a nuestra voluntad. Como si hubiéramos elegido nacer... ¡Ja!
"El séptimo sello" es una peli cargada de símbolos cuando menos pesados. De hecho, a eso se le llama alegoría, o metáfora; el símbolo sólo se explica a sí mismo, es una presencia.
Lo grande, enorme, de Bergman es, ante todo, "Persona", y también "El silencio", "Como en un espejo" y "los comulgantes". Más tarde, "Sonata de Otoño", "El grito" y "Secretos de un matrimonio".
Pero, ay, que después de la susodicha, en TV3 te plantan otras obras menores como "Fresas salvajes" o "Fanny y Alexander". Será que lo más conocido es lo peor, o lo poquito que se pudo ver en las filmotecas españolas de los setenta, o en la tele de los últimos diez años. O quizás es culpa del "echan una de Bergman. Bueno, ya he visto el séptimo sello. Da igual."
Con Godard ocurre lo mismo: "A bout de Souffle", la primera peli. Todo el mundo la ha visto. En la tele no echan otra. Es como si cincuenta años de carrera cinematográfica no sirvieran de nada.
Ni rastro de sus obras maestras.
Pues con Antonioni, tres cuartos de lo mismo: "Blow Up" se ha convertido en la única referencia. Es una peli increíble, y todavía hoy, sorprendente. Pero por favor, comparada con "La avventura", "El Eclisse" o "La Notte", no es más que un paso adelante, de gigante, pero lógico.
Otra peli que nuestros padres recuerdan con fervor es la puta "Zabriskie Point": una memez más tonta que la Teresa Gimpera, más fechada que los pantalones de campana.
Ocurre lo mismo con Kurosawa, Rohmer, Bertolucci, Wenders, Buñuel (vale sí, "le chien andalou", cómo no, pero miren "Nazarín", obra de madurez según el canon narrativo clásico. Y es que en México hizo lo mejor). Y últimamente, Winterbottom: ¿me quieren comparar "24 hours party people" con "Wonderland"?
Por si no las han visto, ahí va el principio de "Persona" de Bergman (uno de los más sublimes de la historia, el primer plano es el carbón del antiguo proyector de cine) y el final de "El Eclisse" de Antonioni (no se asusten, no es un final narrativo).