jueves, marzo 08, 2007

LA EDAD DE ORO 4


En noviembre de 2006 escribí:

“El ayuntamiento, como le sobra el dinero, está engalanando ya las calles con viejos motivos luminosos que cuando no suscitan consumo consumen tristeza. Hace ya dos meses, y ahora me doy cuenta, que los titanes han vuelto a las aulas, a los tribunales y a los hospitales, donde encontrarán motivos de discusión y la oportunidad de tener razón. Los arquitectos se esconden en sus soleadas guaridas a imaginar futuras construcciones cada vez más oscuras y angostas para los esclavos. Los comercios enseñan los dientes y ante ellos transitan cientos de padres con una expresión entre satisfecha y aterrada porque les han obligado a vivir así y a veces se van de putas o les gustaría hacerlo. Es casi navidad. Es la casi natividad lo que celebramos ahora, la promesa de una eterna pre-catarsis. Es una reliquia antropológica: el adorno sirve al transeúnte y éste acude al adorno con la misma sumisión. A partir de este circuito cerrado sólo se puede esperar que todos los demás se blinden automáticamente. Al final del cuento vienen los Reyes Magos y nos roban.”

Los musulmanes, al menos, se interrumpen a sí mismos.

miércoles, marzo 07, 2007


La enorme M.I.A. presenta en su myspace una avanzadilla de su nuevo disco, todavía más tremendo que el Arular. Esta mujer, hija del líder independentista tamil de Sri Lanka y afincada en Londres, que no es poco, es sorprendente por partida doble, porque si ya es raro hacer un primer álbum que suena a todo y a nada, más difícil todavía es hacer un segundo en la misma línea, y mejor.
Tengo problemas para colgar vídeos del youtube (alguna treta comercial, ya sabemos), así que os pasaré los links:
Hala, a disfrutar.

martes, marzo 06, 2007



Sí, señora, ayer por fin vi "La Ciénaga" de Lucrecia Martel. Si en noviembre dije que con sólo ver "La Niña Santa" me atrevía a afirmar que es la directora más interesante del cine contemporáneo, hoy confieso que estoy arrebatao, amarrao, compungido en la médula. La puesta en escena de Martel, un triángulo entre diálogo (aparentemente casual pero milimetrado), personajes activos en segundo plano y un motivo auditivo externo, goza de una vitalidad cinematográfica que no encuentro ni en Von Trier ni en Winterbottom ni en Lynch, quizás porque tanto su cine como ellos mismos se postran ante su propio egotismo. A Martel le gusta mirar a los demás, escudriñar en sus miradas, adivinar los próximos gestos, escuchar. Como espectador, es justo lo que siempre echaba a faltar en Rohmer. Martel mantiene la distancia rohmeriana pero la perfuma de calidez bergmaniana.
Les recomiendo de hígado que la busquen y que la vean con ganas, a mí me ha gustado tanto que ahora me importan un carajo los demás directores.

domingo, marzo 04, 2007

LA EDAD DE ORO 3



MUJER SOMBRA

Apareces en mis sueños indefensos
Con tus madres y el cetro de laurel
Para luego malgastar tus horas de vigilia
Con los balbuceantes
El anillo sintético
Y el tarot


Tu espectro te supera. Emerge de un suelo más tamizado y mineral. Sus gestos arropan donde la araña convence. Sus palabras son justas, esféricas, y no esconden el radio masculino: lo confirman, lo subliman en el perpetuo trazado de los ciclos.
En la vigilia hundes la mirada en revistas, en tazas de café, en las burbujas del agua y en una procesión de signos que me representan mejor que yo y cuyo poder desconozco por vanidad. Si se me ocurre decir algo sólo conseguiré corroborar el veredicto de este jurado de mirada oblicua.
Escribí: “Echo de menos hablar con #17. Quedaron nueces en su falda”. Yo estoy pensando en una escena minoica, en una escena dorada y parda salvo por los ribetes azules de su túnica. Una escena de adolescencia histórica: diptongos suaves y gestos vehementes. Un recuerdo rescatado a plena luz del día.
#17 leerá nueces pero no verá nueces. No existen las nueces cuando se menciona “nueces”. Y se preguntará ¿Por qué #17? Seguro que los arcanos le darán la respuesta si ella quiere. A mí las nueces me dan la pregunta.

jueves, marzo 01, 2007

LA EDAD DE ORO 2

Hoy por la tarde me he liberado del lirio insignificante que florece en el iris centrífugo del dolor. El blanco, mareado, ha reconocido su urdimbre cromática. Porque a la realidad le pinto bigotes pero cuesta atribuirle unidad, y aunque en el reino de lo múltiple reconozco la temperatura de mi cerebro es en mi pecho donde se mecen las hojas.
Por espacio de unas horas he vuelto a ser un hombre, un hombre de cañitas, almendras saladas y palabrotas. He recordado que nunca me ha mirado como mira el que espera una asunción. En su titanismo, #17 cumplía con su condición de animal vertebrado por el hierro y merecía las horas por su nombre. Yo apenas me apoyo en ellas. Y es que hay gente que parece que haya merecido nacer y la vida corrobore su esfuerzo con desafíos y certezas. El atlante, en cambio, es un híbrido: mitad hombre, mitad chopo, y lo único que sabe hacer es sorber luz.
Y es que yo debía estar tan pancho en brazos del Todopoderoso y de repente me parieron y ahora no entiendo nada. Todo son esquinas.
Esta tarde me he liberado por unas horas del brillo acuoso que proyecta mi retina cuando no dejo escapar nada. Hasta que me he puesto a escribir esto, para poder escribirlo.