lunes, octubre 16, 2006


Concert-recital de LUCAS QUEJIDO i IGNACIO LOIS
THE MARCH HARE INVENTIONS i extractes de THE WASTE LAND
de T.S. ELIOT
Heliogàbal.
21 d'octubre a les 22h
carrer Ramón i Cajal. Metro Joanic.
Us esperem!

viernes, octubre 13, 2006



TARIJA

Sumerio: du.ra.gin (andar, caminar, ir)
Fenicio: trk (andar,caminar)
Hebreo: derek’ (camino)
Griego: troha (andadura)
Árabe: tarija (Historia)

1969- Expedición lunar: andadura en la historia, andadura colectiva.
La huella de Armstrong es exclusiva del lugar, pues no existe en la Tierra,
y de la época, pues su diseño delata el momento histórico.
Cénit de la historia: fruto de la acumulación de conocimientos, asimilación de las excepciones y de los fenómenos no reducibles.
Multiplicidad: deseo de posesión.
El astronauta es el pie inocente en la chistera del conocimiento.
Buscar allá para entender aquí.

Andadura espiritual por la cenefa africana: la cresta del gallo de Brancusi.
El Cosmos como tejido celular, homogéneo.
La andadura individual es burlada por la experiencia extática, que es unitaria.
Curación: volver a la experiencia-comprensión de la unidad.
El hombre salvaje, como llegara a comprender Klee, entiende cada hoja como prolongación de las venas de su mano, y la hojarasca podrida que pisa, su propio destino.
El chamán es el guía, el único que conoce el camino.
Lo inasible se absorbe, deviene lo propio mediante el Amor (Rilke).
Llegar hasta el fondo del aquí para entender el allá.

La NASA es una metáfora del Neolítico.

miércoles, octubre 11, 2006




ANARQUISMO (etc…)

LIBRE-PENSAMIENTO TRASCENDENTALISTA

Estamos de acuerdo con la irreversibilidad del laicismo como único contexto social válido, y la convicción de que “la revolución debe ser atea” como decía Bakunin, pero quiero reivindicar aquí la figura del profano libre-pensador, incómoda para unos y otros. El profano está en las antípodas de las corrientes ateístas más recalcitrantes, cuya prepotencia y tozudez se parece demasiado a la del fanatismo religioso (el ateísmo beligerante supone que el hombre ha llegado al límite de sus capacidades cognitivas y puede afirmar que no hay nada más allá de lo material). El profano juega al Lego, y recompone una y otra vez las figuras hasta encontrar aquella que le sirve de Aleph.

Por ejemplo:
Este año hemos tenido la mala suerte de presenciar una escena grotesca.
El Papa Benedicto XVI entraba por la sórdida puerta de Auschwitz y suspiraba ‘Dios ¿cómo has podido permitir esto?’.
Podría haber añadido: ‘Dios ¿Cómo has podido permitir dos mil años de mentiras, falsedades, encubrimientos y misterios por parte de la Iglesia? ¿Cómo has podido permitir dos mil años de educación tenebrosa y promesas de castigo eterno a niños de medio mundo? ¿Cómo has podido permitir la quema sistemática de acusados de herejía, la justificación del genocidio amerindio, la excusa del misionero como salvoconducto para la expoliación, o el apoyo a dictaduras criminales? y un largo etcétera.
Pero el lamento del Papa a su vez encubre, cómo no, una muy vieja cuestión demasiado peliaguda para que se discuta: La Voluntad de Dios.
El Profano, basándose en su ignorancia, tiene una sospecha: si Dios mueve los hilos, es porque pretende una concatenación de hechos, es porque quiere participar en el tiempo físico, en nuestra naturaleza de causas y efectos. Esto significaría que Dios tiene planes, y persigue un fin “aquí”, porque “aquí” hay algo que anhela y no “tiene”. ¿Y cómo narices va a querer algo de nuestra realidad si Él ES TODO, lo atemporal, lo infinito, lo inabarcable, lo omnipotente, alfa y omega? Es ridículo.
La iglesia siempre ha sido ambigua respecto al grado de dependencia de los hombres a una fuerza directa y omnipotente. No puede afirmar que somos tan solo marionetas, pues nada tendría sentido, ni la virtud, ni la iglesia misma. Pero tampoco desmiente la posibilidad de una cierta ligadura, y la saca a relucir ocasionalmente, como si pudiera relativizarse o condicionarse.
El siglo XX se ha encargado de desmontar los laberintos conceptuales de la iglesia demostrando, con sus luces y sus sombras, que Dios no mueve hilos. Y si los moviera, sería nuestro enemigo, y el del Papa.

El Profano concluye: Dios (en su inefabilidad) se manifiesta a través de las leyes físicas, dado que se manifestó al crearlas.

Una idea clara sobre la figura del Deus Otiosus (el Dios Ocioso) nos la brinda Mircea Eliade con numerosos ejemplos de tribus y comunidades religiosas de las llamadas paganas, y argumenta que “Entre los Selk’nam de la tierra del fuego, el Dios, que se llama ‘Habitante del Cielo’ o ‘El que está en el Cielo’, es eterno, omnisciente, todopoderoso, pero la Creación la acabaron los antepasados míticos, creados también por el Ser Supremo antes de retirarse más allá de las estrellas. Este Dios vive aislado de los hombres, indiferente a los asuntos del Mundo. (…) La desaparición del Ser Supremo no se traduce por un empobrecimiento de la vida religiosa. Por el contrario, podría decirse que las verdaderas ‘religiones’ aparecen “después” de su desaparición: los mitos más ricos y más dramáticos, los rituales más extravagantes, los dioses y las diosas de toda especie, los Antepasados, las máscaras y las sociedades secretas, los templos, los sacerdocios, etc., todo esto se encuentra en las culturas que han superado el estadio de la recolección y la caza menor, y en las que el Ser Supremo está o bien ausente (¿olvidado?), o bien profundamente amalgamado con otras figuras divinas, hasta el punto de hacerse irreconocible”.

No hay que olvidar que un ritual no es nada más que una re-presentación, una re-visión de un hecho que ocurrió en el pasado remoto, pero que al poseer un carácter fundacional requiere del gesto simbólico para permanecer en la memoria de cada nueva generación. Por lo tanto, si estudiamos los rituales de una comunidad, no veremos nada significativo, salvo el espejismo de una verdadera convulsión. Al final, para las generaciones siguientes, la religión no es nada más que el ritual. Ahí radica la confusión.

Pero el Profano tiene ojos, y algo parecido a un sexto sentido relacionado con el miedo, el vértigo espiritual, la emoción, y reconoce dónde hay algo que se le escapa. Y sabe que en un estado de trance los hombres son capaces de ver y hacer cosas increíbles, y por esa razón intuye que hay fuerzas que actúan en y desde otro nivel. ¡Qué atractiva se vuelve entonces la idea de un panteón, con una jerarquía de poderes e intereses! Los propios yorubas conciben a un Ser Supremo, Olorum, un Deus Otiosus, diferente a Onile, “la Gran Diosa Madre del ile, que es el ‘mundo’ elemental en estado caótico, antes de ser organizado. El ile se opone, por una parte, al orun, que se identifica con el cielo en cuanto principio organizado, y, por otra parte, al aiye, el mundo habitado, que proviene de la intervención del orun en el ile. Todo el mundo conoce las formas asumidas por los habitantes del orun, los orisas, que son objeto de culto exotéricos” (Mircea Eliade). Fenómenos externos como la curación, la adivinación, la exposición física a condiciones extremas o la consagración a un animal son frecuentes en los ritos de trance de ésta y muchas otras culturas religiosas de todo el mundo, y tienen una correspondencia directa con algunos ritos de cualquiera de las tres religiones monoteístas. Solamente hay que sustituir a los espíritus o antepasados o demonios de las religiones paganas por lo santos cristianos y entenderemos que la idolatría de los fieles y las referencias relacionadas con milagros surgidas de esa relación son las mismas que las paganas, responden de igual manera a un arquetipo de afección religiosa. Incluso el Profeta Mohammad, y por lo tanto el Islam (una religión iconoclasta y trascendentalista), acepta la existencia de los jinns, una especie de demonios con poder real sobre nuestras vidas.

El libre-pensamiento exige llamar las cosas por su nombre, y no hay ningún indicio que nos permita relacionar a Dios (alfa y omega del ser, no causa y efecto de todo) con una supuesta dimensión espiritual a la que van dirigidos los rezos, las supersticiones, las súplicas y los sacrificios, un nivel donde el símbolo parece interactuar entrelazando ambas voluntades. La creencia en este para-mundo, hay que decirlo, ha sido compartida por todos los pueblos del mundo en diferentes etapas históricas y en latitudes diversas con demasiadas coincidencias estructurales para ser menospreciadas por el sentido común.

Si por supuesto no queremos relacionar este tema con la política, tampoco deberíamos contraponerlo.


Bbliografía:

- Mito y realidad. Mircea Eliade.
Editorial Labor. Barcelona. 1994.
Traducción de Luis Gil.

- Diccionario de las religiones. Mircea Eliade y Ioan P. Couliano.
Ediciones Paidós Ibérica. Barcelona. 1994.
Traducción de Isidro Arias Pérez.