domingo, septiembre 24, 2006

UN PAR DE APUNTES SOBRE EL ARTÍCULO DE KING LADEN OS AMA


Por un lado, añado:
En los vídeos que de forma desordenada va enviando a la cadena Al Yazira, la imagen de Bin Laden revela una serie de elementos
a tener en cuenta: dado que se muestra a sí mismo, está mucho más próximo a Cristo que al profeta Muhammad (que Allah le haga bajar de nuevo montado en una paloma) cuya representación está prohibida en el Islam. Concretamente se asemeja a la figura del Pantocrátor románico, en su expresión hierática (frontalidad y rigidez), esquemática (mueve una sola mano y lo justo) y su presencia etérea (que el fondo sea homogéneo e irreconocible no es tan sólo por razones estratégicas).
Bin Laden, como buen saudí, conoce el mundo occidental y se sirve de sus recursos semiológicos, la iconografía religiosa y el video, para dar a conocer su mensaje. Sencillamente, porque ese mensaje está destinado a los occidentales, y no al mundo árabe.

Y por otro, aclaro:
Cuando hablo de pornografía, construyo una tensión entre aquello que se muestra de manera excepcional y lo que secretamente encubre esa exposición. Las películas pornográficas son el mejor ejemplo de una tensión insoportable a ese respecto, pero no el único. Las pelis X, al mostrar de forma tan cruda aquello que relegamos al ámbito de lo privado y lo íntimo con tanto recelo, actúa como barrera para todo aquello que no sea sexo y la obsesión derivada de él. La pornografía encubre de forma tajante todo lo relacionado con los sentimientos, el mundo afectivo o la sensibilidad estética (y política ya ni en sueños) y propone una lectura de la realidad arquetípica y reduccionista como ninguna otra (un día leí una cita que si no recuerdo mal era de Roland Barthes “El amor es el tabú de nuestros tiempos”); es más, se burla de todo eso, básicamente porque no es lo que buscamos cuando acudimos a ella. La pornografía es la manifestación cultural más conservadora de occidente.. De igual forma, la manipulación informativa opera con discreción, y encubre lo relevante con máscaras grotescas y ensangrentadas. De igual forma, el ataque a las torres gemelas encubre décadas de abusos por parte de la CIA y el ejército estadounidense en medio mundo, y el desprecio de las administraciones por el destino de la población, como se pudo ver en New Orleans.

martes, septiembre 19, 2006

EN LA SEMILLA



No era pulso ni latido, sólo números

Y de su caparazón hace escudo
y se abre paso en la cresta del gallo
que se pliega de nuevo

De nuevo

En cada brote
el hálito poderoso
empuja segundos

Hoy dibuja su perfil la galaxia





(Dedicado a Quique, a Thais y a la pequeña Flora)

sábado, septiembre 16, 2006


Este artículo lo escribí, si no recuerdo mal, hace tres años. Aprovecho el aniversario del 11-s estadounidense para recuperarlo, (Sí, claro que lo he retocado, no te…).

KING LADEN OS AMA

Bin Laden, al igual que King Kong, es traído del otro lado del mundo (de los confines de la tierra, donde reinan los monstruos en forma de sociedades tradicionales) para representar una amenaza que renueve la confianza del pueblo en su sistema. Probablemente, también habrá quien, secretamente, afloje las cuerdas que atenazan a King Kong para que se lleve a cabo el plan real: la materialización de la amenaza, porque King Kong no es expuesto para el escarnio, como Quasimodo, sino para infundir terror. Hoy en día sin embargo ya no es necesaria ni tan sólo la presencia de King Kong en el escenario: la prensa es el escenario.

Tanto las dimensiones de KK como la lengua y la retórica de BL actúan como máscaras terroríficas, son los aspectos diferenciales.

Un solo pisotón de KK puede aplastar una calle entera, una sola frase de BL como la usual “Allahu akbar” (que significa “Dios es el más grande” en una lengua más antigua que el inglés) puede hacer tiritar de miedo a una familia que mira la tele en el salón de su casa.

KK presenta dos consecuencias directas de la desproporción: la hiperrealidad y la pornografía. La hiperrealidad es un déja vu, se revela cuando la ficción interpreta a la realidad en sus cualidades, en el desarrollo y en las consecuencias de la intromisión de aquello que es inimaginable en la vida real, pero que ha sido

vivido ya a través de la ficción. El ataque y el derrumbe de las torres gemelas reavivaron un miedo cultural y autóctono. La pornografía en King Kong se presenta bajo la tapadera de la ternura (una ternura hacia la chica que termina siendo lo más inverosímil de la película). Al mostrar el lado “humano” del monstruo se pretende cubrir la vergonzosa seducción que ejerce sobre nosotros, y más todavía en pleno acceso de violencia. Bin Laden representa una forma de santidad clandestina y antigua sin equivalente en occidente, desprovista de agresividad pero sin renunciar a la altivez. A veces parece que no toque el suelo. Pero recordarnos que no es más que un pijo millonario saudí no conseguirá devolvernos su lado humano porque no lo tiene y no queremos que lo tenga.

BL sugiere, con su ingenuo marketing prestado, que la lengua que habla es un abracadabra mágico, a partir del cual, toda amenaza verbalizada se cumple irreversiblemente. Aquí la realidad precede a la ficción, y los videos de BL son el rostro a juzgar por el odio o la admiración, como cuando sale por primera vez a la luz pública el rostro de un asesino en serie o del escritor de un libro de éxito. Dimensiones jurásicas y magia medieval. Ambos vienen del pasado o se disfrazan de él.

Qué mejor lugar que Nueva York, Babilonia moderna, para una demostración de fuerza “divina” que destruya los cimientos del mayor templo titánico. En sí, las torres gemelas no eran más que un símbolo, la estructura del poder ha quedado intacta; como en King Kong, el Empire State Building no era más que la proyección física, la celebración, del propio poder administrativo; por otra parte, solamente a él podía KK encaramarse, pues así podía ser visto por toda la isla. ¿Acaso no habría sido mucho peor, a instancias del poder, el hundimiento de todos los puentes y vías que comunican Manhattan con el continente? Dicho sabotaje habría sido menos espectacular, pero mucho más grave a la larga; las torres, en cambio, sepultaron a unos cuantos y han quedado en la memoria colectiva como la imagen del siglo. La máscara no hace daño, lo sugiere.

Ambos, KK y BL, simbolizan al enemigo requerido para la

reafirmación cultural de un pueblo, y éste es representado

como una bestia, adornada de connotaciones sexuales (herencia

del siglo XIX), o como un líder de la resistencia , adornado de

connotaciones revolucionarias (herencia del siglo XX).

El métier del poder es encontrar razones para legitimarse. Como el policía antidisturbios que cobra dinero por recibir el adoquín en la cabeza, el poder se retroalimenta de cualquier ataque frontal desde la nueva posición de víctima que éste automáticamente le brinda. De este modo, el 11-s legitima las invasiones de Afganistán e Iraq. Como anillo al dedo.